El ambiente en la terraza estaba impregnado de calidez, música suave y el sonido de los cubiertos. La noche había avanzado con risas, miradas cómplices y silencios que no incomodaban, sino que tejían paz.
Giorgio Sinclair, que hasta entonces había estado observando con discreción desde su sitio junto a la abuela Elisa, se puso de pie con una seriedad tranquila y levantó su copa de vino. La música se bajó con un gesto sutil de Vanessa, y el murmullo se apagó como si todos presintieran la import