La mansión Gallardo estaba silenciosa al caer la tarde, como si todo el edificio contuviera el aliento esperando su regreso. La tormenta había cesado hacía días, pero el aire todavía olía a tierra mojada y a renacimiento.
Isabella y Sebastián cruzaron el umbral de la casa acompañados por Vanessa, Rayan, Fabio, Karina y Rubén. Todos llevaban algo de cansancio en el rostro, pero también una serenidad nueva, como si la oscuridad de Delta Rojo hubiera purificado parte de sus almas.
—Bienvenidos —