Las luces del gran salón estaban ya apagadas. Solo algunas lámparas cálidas del pasillo quedaban encendidas, dibujando siluetas y sombras sobre el mármol y los ventanales rotos. La fiesta de compromiso se había transformado en un cuartel silencioso: equipos de seguridad, expertos en tecnología, asistentes de ambos grupos, todos de un lado a otro, en un esfuerzo frenético por entender lo que acababa de pasar.
Karina, sin embargo, había salido del epicentro. Caminaba por el jardín trasero, desc