—Hoy vine con la intención de hablar con calma —dijo Sofía, con voz firme—. Pero antes de dejarme decir una sola palabra, ya me estaban señalando, gritándome, mirándome con desprecio. No sé si es maldad o si en serio crees que me estás "enseñando" a respetar, pero tú misma sabes la respuesta, Esperanza. Si me equivoco, puedo admitirlo, pero no me trates como si fuera una idiota.
Cuando alzó la voz un poco, todos los demás quedaron completamente callados.
—Con tantos familiares y amigos presentes