Después de reírse sarcásticamente, Sofía habló:
—Antes yo te tenía demasiado respeto. Por eso te creías con derecho a humillarme. ¿Quieres que le pida perdón a tu mamá? Bien, pero primero vamos a ajustar cuentas, una por una, por todo lo que me hizo.
Isabella se quedó pasmada.
—¡Estás loca! —exclamó.
Sofía ni la miró. Se concentró en la cara de Esperanza, que se puso aún más rígida cuando sintió todas las miradas encima.
—¿Qué dices? —preguntó Sofía, tranquila—. ¿Por qué no empiezas tú pidiéndom