Sofía lo captó al instante: solo cuando el tema era Eduardo, Diego se tomaba las cosas en serio para hablarle. Igual que antes. Aunque, en realidad, ni entonces había sido tan "atento".
—No hace falta —contestó tranquila—. Ya compré un regalo y tengo mi propia ropa. Antes no hacías nada de eso, y ahora tampoco hace falta. Ya no lo necesito.
Diego la miró fijamente.
—¿Ya no? ¿Entonces qué necesitas?
Sofía le sostuvo la mirada.
—El día del divorcio te lo dejé claro: solo quiero que hagas bien tu p