Diego le indicó con tono seco al conductor a dónde ir. El hombre, asustado, no se atrevió a decir que no y encendió el auto.
Cuando Diego volteó la cabeza, se encontró con la expresión seria de Sofía, tan distante que le resultó insoportable.
—Si hubieras subido en mi auto, al menos podrías sentarte atrás, lejos de mí —dijo con sarcasmo—. Ahora, lo que pase es culpa tuya.
Sofía lo miró con una sonrisa indiferente.
—¿Así que haces berrinches y la culpable sigo siendo yo? Qué gracioso.
Y añadió co