Diego se repetía a sí mismo: "¡Cállate! ¡No sigas! Esto no es lo que quieres, para".
Pero... si no era por eso, ¿entonces por qué?
Antes jamás se había detenido a pensar qué quería Sofía. Solo le importaban sus propias decisiones. Y ahora que había bajado la cabeza, ya era un esfuerzo enorme. ¿Qué más esperaban de él? ¿Que mintiera? ¿Que dijera que la amaba?
Ni de broma.
Diego apagó esa alarma interna y siguió hablando, serio:
—Puedo tratarte mejor. No voy a repetir los errores de antes. ¿Con es