Diego colgó el celular, no se quedó ni un segundo más, se levantó y salió de la oficina del director general. Nicolás vio su cara, sombría de una manera aterradora. Quería preguntarle qué pasaba, pero no se atrevía a acercarse y buscarse problemas. Los colegas del área de secretaría también estaban callados como ratones.
—Nicolás, ¿qué le pasa al señor Villareal? —preguntó la secretaria principal.
—No tengo idea.
—¿No deberíamos preguntar?
Nicolás recordó la advertencia de Diego de hace rato.
—N