Sofía observó a Isabella, todavía petrificada, y la soltó diciendo:
—Ahí está tu revancha.
—Pero... tú... —Isabella vibraba de la indignación que sentía, las palabras se le trababan—. ¡Ya te defendió y todavía me mojaste!
—El señor Montoya educó a su hermanita malcriada. Yo te mojé por mi cuenta. Son cosas diferentes.
Isabella enmudeció. Esta versión de Sofía la desconcertaba cada vez más, y con Alejandro presente, el valor se le desapreció.
¡Tendría que tragarse el orgullo por completo sin ning