Por un instante, la mirada de Alejandro la intimidó, pero unos minutos más tarde él la soltó.
—Vas a manejar. No puedes beber —dijo él.
Sofía suspiró resignada.
—¿Qué pasa? ¿Te decepcioné? —Notó que se veía algo desilusionada.
—No, solo tenía ganas de tomar algo —explicó Sofía—. Estoy contenta hoy, quería celebrar con alguien. Justo me llamaste, qué coincidencia tan maravillosa... Pero da igual si bebo o no, sigo feliz.
Alejandro quedó sin palabras.
De pronto, se arrepintió de haber hablado tan