Un lugar cálido.
—Media hora antes.
Ángel miró a Melany, y le preguntó. ¿Ahora sabes por qué no quiero alejarte?
¿Señor, puedo irme ya? Necesito pensar. Ángel asintió y se hizo a un lado, la dejó ir porque sabe que ese beso influyó sobre ella.
—¡Nos vemos mañana! Ángel se quedó observado y, cuando ella cerró la puerta, se tocó los labios, y mientras volvía al escritorio sonrió como un adolescente enamorado.
—¡Mi querida señora Hilton, creo que no te soy indiferente, tan solo tengo unos días para demostrarte qu