El primer amor siempre nos marca.
Minutos después, ambos estaban frente a una puerta, y Ángel simplemente deslizó la tarjeta y abrió.
—¿Señor Rockefeller, no me diga que usted vive aquí? Me da mucha pena con usted. Melany dudó de si debía entrar, pero Ángel la condujo hasta el baño. —¡Te traeré una toalla, quizás te quede alguna de mis camisetas! Ángel le buscó algo en el armario; por suerte, su hermana le dejó algunas prendas. El joven se las dejó a un lado, luego volvió a su habitación y aprovechó el baño de su recámara y se