El amor y la obsesión.
13 Al abrirse, Fabricio salió y no le permitió ni siquiera asomarse. —¡Mi amor, estabas aquí, lo siento, estaba en el baño, arreglándome para salir, no te escuché! El hombre fingió sorpresa, y supo cómo distraerla.
–¡Vamos juntos a casa! Contestó la joven…
—¡Fabricio!, estuve pensando, siempre te quejas de que no sé cocinar, así que quiero tomar un curso de cocina, prepararé los mejores platos para ti.
Ante esas palabras, el hombre se detuvo y la interrumpió. —¡No, tú no naciste para la cocin