—Señor Lopez, ¿Conoce a esta mujer? —preguntó uno de los vigilantes.
—Es mi mujer, quiten sus manos de ella.
Diana se arregló los cabellos; con los estrujones se había despeinado.
—Mi amor lamento el incidente, mejor nos vamos a casa.
Diana se estremecía ante la idea de causar problemas con los inversionistas a Robert.
La situación se había salido de su control y ahora Camila la miraba con una sonrisa de satisfacción.
—Nadie irá a ningún lado, dile a tu marido que me agrediste.
—Yo no comencé