Robert.
—Señor, López. El almuerzo está listo.
—No tengo hambre, te puedes retirar a descansar. —Respondo sin despegar la vista de mi celular.
Los pasos de la empleada se alejan y me quedo sumergido en mis pensamientos.
Aún con todo el dinero del mundo, esta mansión se siente vacía.
A veces, tengo la extraña sensación de que las paredes se unirán para aplastarme.
He logrado acumular muchos bienes materiales, pero la verdadera felicidad parece siempre estar fuera de mi alcance.
Anoche, estuve