Los problemas no se detenían, apenas había terminado de solucionar el pedido errado de telas y ahora me enteraba de que los gerentes y algunos inversionistas de la empresa querían pedir mi renuncia como CEO.
— ¡¿Qué?! — Me levanté de mi asiento, atónita, ante la noticia que me acababa de dar mi asistente, Gina. — ¡¿Pero quiénes se creen?! ¡Yo soy la dueña de esta empresa! — Escupí con rabia, soltando un manotazo sobre el escritorio.
— Si lo pueden hacer… — Lucas, quien hasta ahora se había ma