Relata Eva:
Estaba nerviosa, llevaba un par de minutos paralizada frente a esa enorme y antigua puerta, sintiendo el pulso acelerado y un nudo en la garganta.
Me aferré con fuerza a la manga del traje de mi abuelo, Chester, quien me llevaba del brazo, cuando él intentó dar un paso hacia adelante, yo lo detuve.
— Espera… — Solté todo mi aliento. — No… No sé si pueda hacer esto. — Murmuré con la mirada baja.
— ¿Qué dices, Eva? — Preguntó Chester, confundido, girándose nuevamente hacia mí.
—