Relata Eva:
— ¡Ava, espera! — Exclamé, ella se volvió para mirarme, extrañada. — ¿Podría hablar contigo…? ¿Por un momento…? ¿A solas…? — Pregunté con el corazón a millón, imaginando que ella se negaría, que lo dejaría para otra ocasión, porque ¿Quién deja su fiesta de boda para escuchar a una hermana gemela malvada?
Ella se volvió y se disculpó con la persona que la llamaba, le pidió unos minutos y se dirigió a mí.
— Bien… Claro. — Contestó extrañada, dejándome atónita. — Ven, acompáñame.
E