Por Pupy
Nos fuimos del salón de fiestas en medio de aplausos y felicitaciones.
Llegamos a un lujoso hotel, dónde nos esperaba una habitación nupcial, para vivir una espectacular noche de bodas.
La tomé en brazos y así cruzamos el umbral.
La habitación estaba regada de pétalos de rosas rojas, y dos copas con una botella del mejor champagne, nos esperaba.
Disfrutar de la sonrisa de Emma y del momento de felicidad supremo que estábamos viviendo, era algo que jamás imaginé que me iba a tocar vivir a mí.
Detrás del hombre exitoso, siempre rodeado de bellas modelos que todos veían, se encontraba alguien que no se conformaba con nada y eso era porque no había encontrado a la mujer que llenase.
Cuando conocí a Emma, todo cambió, mi ansiedad se disparó, mi vara se elevó y me di cuenta de que era ella la mujer con quién esperaba pasar el resto de mi vida.
La deposité en la cama y solamente le saqué ese enagua incómodo que tenía debajo de la falda del vestido, porque al rozar sus piernas, al se