Por Emma
A pesar del caos que era mi mente, la comprensión comenzaba a brillar.
¡No era hija de Carlota!
¿Dorotea me quería de verdad? ¿Sabía que su hija fue responsable de la muerte de mi madre? ¿Se sentía culpable?
-Perdón hija, perdón por tantos secretos y sobre todo por seguir casado con Carlota.
-No entiendo como seguís con ella.
Le reproché.
-Dormimos en habitaciones separadas desde hace 25 años.
Nuevamente tomó mis manos.
-Hija, perdoname, si tu madre hubiese vivido, nada ni nadie me hubiera impedido separarme y estar a su lado, busqué el camino más fácil, pero también el que creí correcto para darte una familia, una madre, que de verdad, creí que aunque no te amara como lo amaba a Marcelo, te aceptaría, sobre todo porque fue idea de ella.
-Nunca dudé de que ella fuera mi madre, sobre todo porque Dorotea siempre me trató con mucho cariño.
-Dorotea fue tu abuela, aunque no tuvieran ADN en común, por eso te nombró en la herencia y cuando Marcelo, envenenado de odio por su madre,