Por Emma
Estoy embarazada.
Tengo toda la atención y el cuidado de mi marido y de todas las personas que me rodean.
Tampoco quiero estar en una cajita de cristal, es decir, me gustan los mimos y las atenciones, pero me negué a dejar de trabajar, como insinuó Pupy y hasta mi padre lo apoyó.
Los primeros meses fueron casi una tortura y hasta tuvimos algunos desencuentros con mi marido, porque a él le gusta estar al mando de todas las situaciones y yo adoro la libertad, era la primera en cuidarme, pero no dejé de hacer cosas normales.
Estaba de siete meses, con una panza abultada, cuando nos invitaron a un desfile importante se hacía en una ciudad balnearia de nuestro país.
En el evento estaban los empresarios de siempre, incluso estaban mi hermano y mi cuñada, que se sentaron al lado nuestro en la primera fila.
Grace era una de las modelos, pero seguía sin representar a ninguna de las dos textiles.
Al ver mi abultada panza, me miró con rabia o con odio, aunque siguió desfilando con su ha