Por Emma
Soy la esposa de Pupy.
Eso casi parece una utopía.
Me desperté cerca de las 11 de la mañana, mi casamiento por civil había sido el día anterior.
Mi marido, que increíble se siente esa palabra, ya se había levantado, no sentí cuando lo hizo.
Disfruté de estar acostada, y mis recuerdos me llevaron a aquel primer día en Textil Norte, cuando “Conocí” a Pupy.
Éramos dos extraños, aunque podríamos haber sido conocidos.
Fue el destino o la casualidad, que se apoderó de nuestras vidas y la atracción surgió, poderosa, imponente, implacable, y el deseo se adueñó de nuestro cuerpos.
Juro que traté de resistirme a su seducción, a su encanto, pero mi mente hacía cortocircuitos cuando él estaba a mi lado.
Y ese deseo nos dominó y creció y el amor apareció, dominando todo.
Ese mismo amor en el que yo casi no creía, porque nunca lo había vivido, ni siquiera lo había visto de cerca, al menos de la manera en que lo sentimos nosotros.
Por eso pensé que casi parecía una utopía, porque era demasi