—¿No te lo estás tomando con mucha calma? —preguntó Rubén Sandoval a Leobardo, quien, a pesar de tener casi tres semanas sin ver a la rubia que él creía había ido a buscar, continuaba simplemente trabajando como si ella no fuera el más mínimo de sus problemas.
—¿El qué? —preguntó Leobardo tras revisar por quinta vez en media hora su teléfono celular, mirando al fin a su amigo, uno genuinamente preocupado por la felicidad y futuro de Leobardo Alarcón.
—Pues el reconciliarte con Estrella Miller —