CAPÍTULO 81. Una despedida
Debían ser las seis o las siete de la tarde, y Darío pateaba su saco nuevo saco de boxeo como si fuera un niño regañado.
Hacía tres días que Sammy lo había echado de la casa sin contemplaciones, había tratado de verla después de eso pero entre ella que lo esquivaba y Lory que lo amenazaba con el primer objeto contundente que veía, no había forma de que pudiera acercársele sin que las cosas se pusieran demasiado calientes, y para ser honesto, él la necesitaba con la cabeza lo más fría posible.
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