CAPÍTULO 80. Una mujer herida
—No puede ser… ¡Dios! —Sammy se apoyó en la isla de la cocina, sollozando.
Aquello era una pesadilla y el problema no era entender poco, sino que entender solo haría que todo fuera más doloroso.
—Ángel… —Darío avanzó hacia él pero su hermano negó.
—Perdona que no te lo haya dicho en cuanto lo supe, sé que fue muy cruel de mi parte pero… quería pasar tiempo contigo. Quería pasar tiempo contigo sin que me miraras exactamente como me estás mirando ahora —aseguró tratando de espantar las lágrimas