CAPÍTULO 82. ¿Quieres apostar?
Debían ser quizás las tres de la madrugada cuando Alonso «El Grillo» Fisterra, campeón invicto de las peleas clandestinas, rey de las jaulas, etc. etc., rezongaba cargando sobre su hombro al boxeador que le habían noqueado. Él no entrenaba a nadie, por ningún motivo, pero aquel muchacho había insistido en que le enseñara un poco. Grillo había aceptado solo porque era demasiado insistente, pero habían acabado noqueándolo en su primera pelea.
Lo había echado en el asiento trasero de su coche, com