Margaret jugueteaba nerviosamente con el dobladillo de su vestido, sin saber cómo reaccionaría Richard ante lo que estaba a punto de revelar. No era fácil para ella, ya que sabía que no podía decirle todo aun.
—Richard, hay algo que necesito decirte —dijo, mirándose las manos. Richard se enderezó y la miró fijamente.
—¿Qué es? Puedes decirme cualquier cosa.
Margaret respiró hondo antes de continuar.
—Vengo de un barrio de clase alta en Nueva York. Conocí a Alexander allí y empezamos a salir.