Olivia miraba a Angélica caminar de un lado a otro, manoteando con fuerza. ¿Qué debía hacer? La pregunta martilleaba su cabeza; estaba ante un chantaje implacable. Pensó en decírselo a Rafael o a Julieta, pero descartó la idea de inmediato. La seguridad de su padre estaba en juego y no podía arriesgarse sin saber quién movía los hilos.
—¿Qué vamos a hacer, Olivia? —cuestionó Angélica, dejándose caer en el suelo frente a ella.
—Tengo que ir a este encuentro —respondió Olivia, entregándole la car