Rafael entró a la fábrica como Víctor se lo había pedido: solo y con la bolsa de dinero. No daba crédito a que llegara a ser tan fácil; le entregaría a Ricardo, tomaría el dinero y se iría. Sospechaba que a la menor provocación todo se complicaría. El lugar estaba vacío, tal como lo recordaba desde que fue abandonado y considerado peligroso. Ahora es cuando se arrepentía de no haber mandado tirar la fábrica, pero la nostalgia se lo impedía; era el lugar donde su padre dio inicio a sus sueños y