Rogelio intentaba correr entre los viñedos, pero el avance era tortuoso. El viento había arreciado, empujando el fuego en una línea horizontal que devoraba todo a su paso. Sus gritos, desgarrados por la angustia, no dejaban de nombrar a Olivia, pero solo obtenía el rugido de las llamas como respuesta. El corazón se le oprimió; la desolación y la desesperación se apoderaron de él. Tuvo que rodear el sector más crítico, buscando un resquicio donde el fuego apenas comenzaba a crecer. Al cruzar, co