Blake Stewart
El despertar no fue un suceso repentino, sino un ascenso lento y doloroso a través de una densa niebla blanca. Lo primero que registré no fue la vista, sino el sonido: el rítmico y constante bip... bip... bip... de un monitor que parecía contar los latidos de mi propio corazón. Luego, el olor. Ese aroma aséptico y frío de hospital que durante tanto tiempo asocié con la tragedia, pero que ahora se sentía extrañamente como un puerto seguro.
Sentía el cuerpo pesado, como si estuviera