Grace Christian
El hospital tenía ese olor a antiséptico y a finales que siempre me había revuelto el estómago, pero esa noche, entre sus paredes blancas, algo estaba cambiando. Dianne y yo estábamos sentadas en una esquina de la suite privada, observando de lejos cómo mi hermano Logan y Blake procesaban el milagro de los trillizos. El aire estaba cargado de una euforia agotada, de esa paz que solo llega después de rozar la tragedia. Ver a Logan tan vulnerable, tan transformado por la paternida