Blake Stewart
La suite del Park Hyatt era un santuario de mármol y silencio, pero para mí se sentía como una morgue. Me mantenía de pie frente al ventanal, observando el perfil de Chicago recortado contra el cielo gris plomo. El lago Michigan parecía una mancha de petróleo en la distancia, reflejando la oscuridad que se había instalado en mi pecho. Por un momento, deseé que la ciudad entera fuera engullida por esas aguas frías, llevándose consigo los apellidos, las mentiras y los diez años que