Jonathan
- Por fin, cielos... ya no siento el trasero.
- ¡Jonathan!
Alejandra me reprende con voz dura. Un par de camilleros me ayudan a ponerme de pie para subirme a una silla de ruedas. Aunque fueran solo un par de pasos, mi trasero y espalda se sienten sumamente agradecidos de dejar ese colchón, no me permiten usar las manos para empujar las ruedas; un chico va empujándome mientras le sonríe más de la cuenta a Alejandra. Todos los malditos hombres de aquí nada más la ven pasar y posan los ojos en ella, es hermosa, sé que es inevitable no verla, pero me molesta cómo algunos no la miran admirándola como la diosa que es, sino recorriendo con sus malditos ojos lujuriosos las curvas de su cuerpo, realzadas por ese vestido largo y ajustado de color blanco.
- Sus ojos son muy bonitos, nunca había visto unos de ese verde tan vivo... -Tenso la mandíbula al escuchar al maldito enfermero que me empuja; me veo tentado a arrojarme por las escaleras y llevarlo conmigo.
- Gracias, son de parte de