Jonathan
- Por fin, cielos... ya no siento el trasero.
- ¡Jonathan!
Alejandra me reprende con voz dura. Un par de camilleros me ayudan a ponerme de pie para subirme a una silla de ruedas. Aunque fueran solo un par de pasos, mi trasero y espalda se sienten sumamente agradecidos de dejar ese colchón, no me permiten usar las manos para empujar las ruedas; un chico va empujándome mientras le sonríe más de la cuenta a Alejandra. Todos los malditos hombres de aquí nada más la ven pasar y posan los oj