Alejandra
— Por tercera vez, Aaron, no te voy a decir dónde estoy… — pongo los ojos en blanco mientras permanezco en el marco del balcón mirando el mar.
— ¡¿Por qué no?! Soy tu esposo, tengo que saber cómo estás, en dónde y si te encuentras bien.
— Por favor… eres mi esposo cuando te conviene. Estoy bien, gracias por preocuparte y llamarme cuando ya pasaron varios días desde que intentaron matarme. ¿Te imaginas que hubieran tenido éxito? Te hubieras perdido mi funeral. — Escucho cómo suspira pesadamente al otro lado de la línea.
— Alejandra, ¿cómo se supone que me enterara? Acabo de llegar a la ciudad, y tu identidad se mantuvo oculta tras ese atentado.
— Bueno, si fueras un "buen esposo" lo sabrías. Pero no lo eres, y de hecho, la relación que tú y yo tenemos está lejos de ser marital. Así que, por última vez, no te diré dónde estoy. — Lo escucho quejarse al otro lado de la línea.
— Cómo te gusta ponerme todo tan difícil… ¿Cuánto tiempo permanecerás ahí escondida?
— Lo que tenga que