Alejandra
— Por tercera vez, Aaron, no te voy a decir dónde estoy… — pongo los ojos en blanco mientras permanezco en el marco del balcón mirando el mar.
— ¡¿Por qué no?! Soy tu esposo, tengo que saber cómo estás, en dónde y si te encuentras bien.
— Por favor… eres mi esposo cuando te conviene. Estoy bien, gracias por preocuparte y llamarme cuando ya pasaron varios días desde que intentaron matarme. ¿Te imaginas que hubieran tenido éxito? Te hubieras perdido mi funeral. — Escucho cómo suspira pe