Me miró con los ojos repletos de dudas. Esquivé su mirada, no, no tenía caso. No era verdad, no ansiaba reconocerlo como una verdad.
Dios mío, esto era una completa locura. Mark me abrazó, todo había regresado a la normalidad. La cortina de humo rojo y sanguinolento había desaparecido. El olor se había esfumado, dejando solo el vacío, la normalidad. Como si nada hubiera ocurrido.
Pero había ocurrido absolutamente todo. La información nueva era temiblemente aplastante.
No quería mirar a Zem, por