Sentí el líquido gotear entre mis piernas. No, era demasiado pronto. Estábamos en una situación de peligro. Mi bebé no estaría seguro.
El dolor me hizo gritar.
—Ahh… —solté, como un alarido que raspó mi garganta.
Mark corrió hacia mí. El tenía una conexión conmigo, sabía al instante cuando yo pedía su ayuda. Al verme, pálida y como si hubiera contemplado a un fantasma, se preocupó todavía más.
—¿Qué ocurre? —preguntó, tomándome entre sus brazos para protegerme de cualquier peligro que me acecha