—¿Un mago? ¿Es una maldita broma? —preguntó Julius, arrojando uno de los jarrones delicados que Carol mandó a traer desde tierras extranjeras al suelo.
El sonido de la pieza de cerámica haciéndose trizas resonó en toda la mansión.
—Uno de los nuestros, seguramente. —Carol observó a su esposo.
Era una sola la pista que tenían. El que se llevó a Hawk era un pálido, uno traidor. La opción de Zemmiatar quedó descartada cuando vieron que seguía en el mismo estado deplorable en el que estuvo desde qu