Sara
Después de haber escuchado las palabras del otro policía, sentí un estremecimiento que me recorrió de pies a cabeza. El sudor helado bajó lentamente por mi frente. Busqué con la mirada al insistente oficial que me insistió con las preguntas. Era un hombre reconocible, demasiado delgado, demasiado pálido. No estaba por ninguna parte.
—Sabe usted donde está el policía que… Joder, no recuerdo su nombre… —empecé a preguntarle a la mujer policía, con la voz temblorosa. —Lo lamento… No lo sé…
—