Sara
Mi pequeño hijo estaba comiendo las alitas de pollo con una alegría que me hacía llorar. En realidad, lloraba todo el tiempo, por la emoción de tenerlo a mi lado. No podía evitarlo, las lágrimas salían de mis ojos sin control alguno.
Por mi cabeza habían pasado tantos miles de sucesos trágicos, de malas posibilidades, de destinos fatales. No quería, pero los había pensado. La desaparición de mi hijo había hecho que pensara que todo podía ocurrir.
Hawk no aparecía conforme pasaban las hora