Mientras conducía, cada tanto mis ojos se desviaban al pequeño objeto que me había entregado Eduardo y el cual esperaba contuviera toda la información necesaria para desentrañar la conspiración, o al menos me hiciera avanzar.
A esa hora la autopista y las avenidas solían estar congestionadas por el retorno de las personas que volvían a casa luego de un largo día de trabajo. Decidí no tomar la autopista, sino un camino más largo, en caso de que alguien estuviera siguiéndome, aunque al mirar por