Capítulo 11. ¡No permitiré que esto suceda!
Sin embargo, para sorpresa de su madre cuando Sebastián alzó la mano para empujar a Lizbeth, algo lo detuvo, aunque no sabía por qué, su mente se aclaró.
—Se… — empezó a decir Lizbeth y con rapidez se aclaró la garganta, ya que estaba a punto de llamarlo "señor" delante de todos. — Sebas, relájate, ¿sí? — su pedido sonó como un ruego y le agarró la mano, esa que estaba herida. La gota de sangre caía sin parar, y aún marchándose, a Lizbeth no le importó sostenerla.
La familia no podía entender p