Capítulo 12. ¡No puedes enamorarte tan rápido!
―Puedes pasar — le respondió Sebastián a Lizbeth cuando ella estaba a punto de tocar por segunda vez la puerta, y al escucharlo alzó las cejas con asombro.
―Le atiné, esta es su habitación — murmuró ella sonriente, ya que no conocía nada allí aparte del camino a su propio cuarto.
Disimulando su sonrisa, giró el pomo de la puerta. Al verlo con el torso desnudo, el cierre del pantalón abierto, descalzo, y con el cabello alborotado, se quedó sin palabras. Lo miró fijamente, recorriendo sus pecto