Capítulo 103. ¡No puedo creer que estés vivo!
Sebastián, con el teléfono aún pegado a la oreja, sentía cómo la sangre se le helaba al escuchar la risa burlona de quien afirmaba ser su hermano, supuestamente fallecido. La incredulidad y el horror se entrelazaban en su mente, mientras sus puños apretados y sus nudillos blanquecinos delataban la tormenta interna que lo azotaba.
“Debes estar en shock, creías que había muerto, ¿verdad?”, la voz del individuo resonaba como un eco siniestro en la línea.
“¿Quién eres?”. Sebastián apenas podía arti