Capítulo 100. ¡Un grito de auxilio!
Sebastián se montó en el asiento trasero de su auto, ordenando a su conductor dirigirse al hospital donde buscarían a su esposa. El motor rugió mientras el vehículo se deslizaba por las calles de la ciudad. La urgencia lo impulsaba, y su mente estaba en un torbellino.
«Si mi abuela la hace llorar, le haré pagar cada lágrima», no dejaba de repetir en su fuero interno, recordando cómo la anciana reaccionó cuando supo lo del matrimonio falso.
En ese momento, su teléfono vibró en el bolsillo inter