—¿Aliado? —pregunté.
—Si, si queremos derrotar a Fray, necesitamos mucha ayuda. Voy a recibir a nuestro invitado, te espero en la sala. Por favor tomate el té.
Epona salió de la habitación deprisa.
—Esto no me gusta para nada—Habló Eetes—. Tú estás a salvo aquí, lo que pase al otro lado del mundo ya no es tu problema.
Eetes, tenía razón. El castillo y al destajo eran mi problema y ahora mis prioridades eran otras, pero si no hacía nada, era aceptar a Fray y su reino, no quería permanecer escond