—¡Al fin en casa! —bufó Eetes.
—Ni siquiera eres tu el enfermo —habló Epona. Estabamos de vuelta en casa, pero ahora con un bebé en brazos.
Llegamos a la habitación, Convel fue directo a la cuna, ya que venía dormido.
—Gracias, chicos, no sabría qué hacer si no estuvieran conmigo —hablé.
—Iré a la cocina por agua caliente —habló Epona y salió de la habitación.
—Me quedaré toda la tarde contigo para cuidarte. —mencionó mi hermano.
—No es necesario…
De repente su móvil empezó a sonar.
—Aló