En un instante dudé sobre lo que estaba haciendo, pero eso quedó en el olvido cuando me di cuenta de que Edon me sobornaba con lujuria. Mi boca atrapó la suya, pero a los pocos segundos quien tenía el control era Edon. Nuestras bocas se devoraban como si se extrañaban, como si ellas se necesitaran.
Una mano rodeó mi cintura, mientras la otra empezaba un recorrido por mi muslo. Tomó mi rodilla y la levantó llevándola hacia su cadera. Sentí como su miembro se frotaba en mi intimidad, un gemido a