—¡Myriam! ¡Myriam! —grité al mismo tiempo que corría hacia ella.
—¡Cir…Circe!
—Todo estará bien.
De pronto escuché el aullido de un lobo. Edon convertido en su forma animal, saltó sobre nosotros. Olfateaba como si quisiera descubrir al atacante. Hizo un gruñido y se movió entre la aldea para salir al bosque.
—¡Ve… con él! —titubeo Myriam.
—Tengo que ayudarte.
—Yo lo haré. —dijo el médico de la aldea.
Empecé a correr detrás de él. Pero debido a su velocidad era imposible alcanzarlo. De r